MILLONES

MILLIONS. 2004. 96´. Color.

Dirección: Danny Boyle; Guión: Frank Cottrell Boyce; Dirección de fotografía: Anthony Dod Mantle;  Montaje: Chris Gill; Música: John Murphy;  Dirección artística: Mark Digby y Dennis Schnegg; Diseño de producción: Mark TildesleyVestuario: Susannah Buxton; Producción: Graham Broadbent, Andrew Hauptman y Damian Jones, para Pathé Pictures International- Mission Pictures-Ingenious Films Partners (Gran Bretaña).

Intérpretes: Alex Etel (Damian); Lewis McGibbon (Anthony); James Nesbitt (Ronnie); Daisy Donovan (Dorothy); Christopher Fulford (Hombre pobre); Jane Hogarth (Madre); Alun Armstrong (San Pedro); Enzo Cilenti (San Francisco de Asís); Nasser Memarzia, Pearce Quigley, Kathryn Pogson, Harry Kirkham, Cornelius Macarthy.

Sinopsis: A Damian, un niño de nueve años huérfano de madre, le cae del cielo una bolsa llena de dinero.Su plan inicial es compartirlo con los pobres, como buen católico que incluso habla con los santos, pero las dificultades para trasladar sus buenos propósitos al mundo real no serán pocas.

¿Quién -que no sea banquero o político, claro- no ha pensado alguna vez en lo que haría si un golpe de suerte le convirtiera en millonario? Partiendo de esta premisa, el cineasta escocés Danny Boyle, de trayectoria tan irregular como interesante, elabora este cuento posmoderno que es Millones. En este caso, el afortunado es un niño de clase media que ha perdido a su madre y tiene un hermano mayor, Anthony, dotado de mucho más sentido práctico que él. En las ensoñaciones de las que hablaba al principio se tiende a pensar que el aluvión de dinero hará desaparecer todos nuestros problemas, cosa que en muchos casos podría ser cierta, y a obviar que, en un mundo como el de hoy, un golpe de suerte puede ser la puerta de entrada a problemas nuevos, y que poseer lo que todos anhelan (lo reconozcan o no) complica bastante la existencia. En esta tesitura, difícil de manejar incluso para un adulto con la cabeza bien amueblada (esa especie en vías de extinción), se encuentra Damian, que habla con los santos, conoce bien sus vidas y posee una inocencia casi absoluta a la hora de mirar las cosas del mundo. Para acabarlo de arreglar, el dinero que le ha caído del cielo (literalmente) a Damian es robado, y quien debía recibirlo intenta, lógicamente, recuperarlo.

Danny Boyle es un cineasta fiel a sí mismo, incluso en los defectos. Siendo Millones una película luminosa como pocas, me sobran, a nivel visual, algunos momentos (la recreación del atraco, por ejemplo) demasiado deudores de la estética del videoclip, y demasiado parecidos a otros ya vistos en films anteriores de Boyle. Asimismo, al final de la historia (en concreto, desde la escena en la que Damian conversa con la visión de su madre) vence lo naïf sobre el tono mucho más lúcido que muestra el resto de la película, y uno ve en la última escena mucho más buenrollismo que sustancia, aunque pueda compartir el mensaje de fondo. A pesar de todo ello, Millones me parece una película muy interesante y bastante lograda, en la que da la sensación que Boyle ha gozado de plena libertad para contar la historia tal y como quería hacerlo. Es una obra alegre y optimista, pero no imbécil, que elige centrarse en la luz pero no olvida la oscuridad, el mal, la codicia, la hipocresía o el desamparo que suele acechar al individuo en una vida moderna que, buscando la seguridad y el confort, ha encontrado el miedo y la inacción.

El terreno del cine con niño suele ser resbaladizo para los cineastas, y la clave del éxito de buena parte de las películas protagonizadas por esos locos bajitos estriba en que éstos no resulten demasiado repelentes. Premio para Boyle, pues sus dos infantes protagonistas rayan a buena altura. Entre los adultos, citar a un James Nesbitt que repite su papel de buen tipo que ya le vimos en Despertando a Ned, a un Christopher Fulford con muchas posibilidades de lucir en roles perversos, y a unos mormones y santos bastante peculiares.

Millones es un soplo de aire fresco, muy necesario en estos tiempos de atmósferas irrespirables (no sólo en Pekín), y una película idónea para los niños y para quienes, a pesar de todo, aún nos esforzamos en conservar parte del brillo infantil que un día todos tuvimos.

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