EL TROMPETISTA

YOUNG MAN WITH A HORN. 1950. 109´. B/N.

Dirección: Michael Curtiz; Guión: Carl Foreman y Edmund H. North, basado en la novela de Dorothy Baker; Director de fotografía: Ted McCord;  Montaje: Alan Crosland Jr.; Dirección musical: Ray Heindorf;  Dirección artística: Edward Carrere; Producción: Jerry Wald, para Warner Bros. Pictures (EE.UU).

Intérpretes: Kirk Douglas (Rick Martin); Lauren Bacall (Amy North); Doris Day (Jo Jordan); Hoagy Carmichael (Smoke Willoughby); Juano Hernández (Art Hazzard); Jerome Cowan (Phil Morrison); Mary Beth Hughes (Marge Martin); Nestor Paiva (Louis Galba); Orley Lindgren (Rick niño); Walter Reed (Jack Chandler); Fred Aldrich, Paul Brinegar, Bridget Brown.

Sinopsis: Desde que era un niño, Rick Martin tuvo sólo una pasión: la música. Educado y apadrinado por el gran trompetista de jazz Art Hazzard, Rick se convierte en un joven jazzman de talento, siempre acompañado por su amigo Smoke, que verá cómo todo se le complica cuando se enamora de Amy, una problemática mujer, y se va hundiendo progresivamente en el alcoholismo.

Película imprescindible para todos los amantes del jazz, y una de las primeras en tomarse en serio el género, El Trompetista es un drama con mucha y muy buena música, y momentos de gran cine. El prólogo nos muestra a un niño huérfano y desarraigado que sólo se entusiasma por la música. Esta parte es una de las más brillantes del film, y de las más apreciadas por los melómanos, que fácilmente pueden comprender el entusiasmo de un joven que mira embobado la actuación de un conjunto de jazz en un garito lleno de humo. Quienes alguna vez, si bien no a esa edad, hemos sentido algo parecido, el aguijón de esa música maravillosa y la sensación de que ella puede transportarte a sitios mejores, sabemos lo que vale esa parte del film. En cuanto aparece el Rick adulto, la historia de su auge y caída resulta más tópica, aunque varios factores la salvan de convertirse en un melodrama rutinario: en primer lugar, la excelente música que ilumina toda la película; más allá de eso, la brillante labor en la dirección de Michael Curtiz, cuyo talento visual y excelente habilidad en el claroscuro y la filmación de interiores (consecuencia, sin duda, de haber aprendido el oficio en los tiempos del expresionismo) recuerdan a lo ya demostrado en Ángeles con caras sucias y Casablanca, entre otras. Y, por supuesto, el excelente plantel protagonista, al que me referiré con más detalle un poco más adelante.

Basada en la vida de Bix Beiderbecke, El Trompetista no es una obra maestra, pero sí una pequeña joya del cine clásico, que toca varios temas de interés: el talento, la pasión, la amistad… Rick tiene la suerte de tener un oído musical digno de envidia, y sobre todo la de aprender a tocar de la mano del mejor, Art Hazzard, que se convierte en el padre que nunca tuvo. Va a todas partes con su trompeta y toca a todas horas, a veces por dinero, y otras por puro placer, persiguiendo, como hacía Charlie Parker en palabras de Cortázar, esas notas que nadie ha sido capaz de tocar. Cuenta con el apoyo musical y la amistad verdadera de Smoke, y vivirá una historia de amor platónico con la cantante Jo Jordan. Alcanza fama y prestigio, pero el dilema entre la música que quiere y ama tocar, y la que ha de interpretar para ganarse la vida, unido a su conflictivo matrimonio con una enigmática mujer, le empujan hacia la autodestrucción. “Si el whisky no te arruina, las mujeres lo harán”, dice la letra de un viejo blues. Rick Martin decide que las dos cosas le arruinen a la vez, convirtiéndose en protagonista de una de esas historias de ascenso, caída y redención tan del gusto del público norteamericano. Otro punto a destacar de esta película es que es la primera producción hollywoodiense en la que se sugiere una relación lésbica, lo cual, obviamente, afectó a su carrera comercial en tiempos tan poco amigos de la transgresión, por muy solapada que ésta fuera.

Pasión, amistad, amor y música, mucha música. Nadie mejor que Kirk Douglas para dar vida a Rick Martin, pues este personaje necesita de la fuerza y la intensidad que Douglas posee por arrobas. Si bien sus intervenciones a la trompeta fueron grabadas por el gran Harry James, la interpretación de la entonces joven estrella, y hoy gloria viva del cine Kirk Douglas es en general muy buena, y tiene momentos superlativos. A su lado, una Lauren Bacall que, como de costumbre, borda su rol de femme fatale, y una Doris Day tan almibarada y virginal como siempre.  A Hoagy Carmichael, uno de los nombres importantes de la música popular norteamericana, se le ve mucho más cómodo sentado al piano que hablándole a la cámara, y Juano Hernández resulta conmovedor en su interpretación de Art Hazzard. Si bien, como se ha dicho, en muchas ocasiones la historia se nos presenta adornada con una amplia variedad de tópicos, los diálogos entre los personajes que interpretan Douglas y Bacall son a veces de mucho nivel, y ayudan a elevar una película cuyo interés principal, aunque no exclusivo (no es poca cosa ver a Douglas y Bacall dirigidos por un primer espada del cine clásico como Michael Curtiz), es el amor por la música que la mueve desde su inicio.

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